Aprenda todo lo referente sobre La Gran Odalisca

La Gran Odalisca, este término  proviene del turco odalik, para describir a una mujer perteneciente a un harén. Es una bella obra de una mujer desnuda, en ese caso, la Odalisca, reposada voluptuosamente sobre un diván, su postura retrotrae a Madame Récamier. Pertenece a Jean Auguste Dominique Ingres. La Odalisca está envuelta mostrando sensualmente la espalda, con la mirada hacia el espectador. Conoce más sobre esta misteriosa dama en este Post.

La Gran Odalisca

Historia

La Gran Odalisca es una pintura realizada por el artista Dominique Ingres. Representa un trabajo elaborado en óleo bajo la corriente orientalista de 1814. El cuadro muestra a una mujer desnuda, sobre un desván, mostrando de forma insinuante la espalda pero con la mirada puesta en quien la observa. Tiene una forma apaisada, con unas dimensiones de 91 x 162 cm. Actualmente la obra reposa en el Museo del Louvre de París, Francia.

La Gran Odalisca se exhibió en el Salón de París de 1819. Se cree que fue un encargo de la reina de Nápoles, Carolina quien a su vez, era la hermana de Napoleón, el encargo fue tipo pendant, es decir, el cuadro formaría pareja con otro, en este caso, otro desnudo, pero en posición frontal, en cual hasta ahora se encuentra perdido, la llamada durmiente de Nápoles.

En cuanto al significado del vocablo odalisca, esta se refiere al turco odalik, era un término para referirse a una mujer del harén. La Gran Odalisca de Ingres, está insinuantemente posada sobre un diván, con una pose tipo Madame Récamier, de Jacques-Louis David, de la que Ingres copio los adornos. Se retrata a la mujer vuelta de espaldas, pero girando la cabeza hacia el espectador.

La Gran Odalisca

En la escena de la obra, específicamente en los adornos de la mujer, se muestran accesorios que le dan su toque oriental, tales como el abanico, el turbante y la pipa. Posee un gran realismo, pues con una precisión casi quirúrgica, se refleja la textura de las telas. Pese a ello, los críticos de la época refirieron ciertos anomalías, como el ser particularmente larga. Esto obedece a que La Gran Odalisca está dotada de tres vértebras suplementarias.

En este sentido, el autor está enteramente consciente de ello. Y es sacrifica la veracidad por el efecto y combina cinco modelos diferentes, pues Ingres quiere pintar una belleza individualizada, por lo que ha retomado en ella el estilo serpentino y el irreal alargamiento de los miembros propio del manierismo. (Ver artículo: Paseo a Orillas del Mar).

Asimismo, cabe mencionar que Ingres viajó a Florencia, por lo que ya había descubierto las pinturas italianas, y muestra en La Gran Odalisca, la influencia de Rafael en las curvas de esta obra, al igual que la dulzura del rostro. En cuanto al cromatismo, los críticos acusaron a Ingres de usar una gama cromática leve y monótona. No obstante, esa era una decisión consciente del pintor, para lograr obtener un gran preciosismo, a través del uso del azul en las cortinas, combinado con el rojo, el blanco y el dorado.

La Gran Odalisca posiblemente sea una de los últimos trabajos del artista, tras la caída del Imperio de Napoleón, hecho este que conlleva a un tiempo aciago para el artista; quien gozaba a alguna estabilidad familiar como resultado de con sus nupcias con Madeleine Chapelle, y de solvencia económica basada en una clientela fiel, la salida de Roma del funcionariado francés, le obligó a realizar obras de contenido histórico, fundamentalmente retratos.

Análisis de La Gran Odalisca

La Gran Odalisca es una imagen de una mujer con el cuerpo totalmente desnudo, con turbante en cabeza a modo de tocado, se muestra en un escenario de lujosas telas y otros objetos de carácter oriental, como el abanico de plumas de pavo real, que porta en uno de sus manos. En resumen, se trata de una odalisca, perteneciente a un harén de algún poderoso sultán de la época, tal como lo ideaba el imaginacion romántico del XIX.

En cuanto a su técnica, corresponde a la paleta de óleo sobre lienzo, con un tratamiento muy sutil en su pincelada que la deja oculta, dando textura pareja, fina y lisa. La composición se articula por medio de una suave curva o diagonal, la cual comienza desde el ángulo superior izquierdo, contrarrestando con el gran cortinaje de la derecha que en los pliegues cogidos, crean una diagonal contraria creando un semicírculo en el centro del cuadro al que se dirige la atención.

La Gran Odalisca

De tal manera que se logra dar movimiento, que viene a potenciar la sensualidad de la figura, sosegada, sin la abundancia propia del barroco, aún persistente, pero de alguna manera depurado por la neoclásica. En la obra predomina la línea sobre el color, en especial en la definición de los perfiles y detalles, aunque en la piel de La Gran Odalisca o las telas, se puede observar un uso exquisito de las veladuras y las degradaciones cromáticas.

El artista juega con la contraposición de las gamas cálidas, y por tanto sensuales, como ya había hecho Tiziano, a las telas frías y de menor luminosidad que la envuelven sin quitarle protagonismo. Por su parte, la luz es suave e incide directamente sobre la modelo, dejando en penumbra el fondo. Además de buscar efectos voluminosos que pretende junto al color, destacar la variedad de texturas, en especial, la piel.

En cuanto al espacio, este se disminuye para no desviar la atención del espectador sobre La Gran Odalisca, nada más se pueden señalar algunos tácticas del artista para generar un primer plano anterior a la figura, es el caso que juega con las telas del ángulo inferior izquierdo, así como la tela de la derecha, que cierra la perspectiva. (Ver artículo: La Maja Desnuda).

Asimismo, la silueta presenta, en una primera mirada, una perfecta armonía en su anatomía que un examen más calmado se vería que es por completo falsa. Tampoco la posición es tan relajada como parece, tal como se puede ver en la pierna que se dobla en un escorzo realmente forzado, con algunos reflejos de la Miguel Ángel en la Sixtina, ni la figura es, verdaderamente posible, existiendo puntos de vista imposibles, como el pie extendido o la curvatura de la espalda.

Lo que destaca especialmente en la silueta de La Gran Odalisca, es su serenidad y sensualidad calmada, con un fuerte grado de idealización, y un gusto por la expresión de las distintas texturas que inciden aún más en el carácter sensual de la escena. Todos estos aspectos indudables de Ingres, que trabajó en un estilo personal, integrando el romanticismo de los temas y el color, con la perfección formal del Neoclasicismo.

Otro aspecto a resaltar, es su formación académica que denota en la obra, así como las influencias recibidas en el preceptivo viaje a Italia que como todo buen pintor, realizó desde el siglo XVII. De esta manera, La Gran Odalisca es heredera de las Venus de Giorgione y Tiziano (Dresde, Urbino), tanto en su postura como en su sensualidad.

LA GRAN ODALISCA

También es reconocible la influencia de Miguel Ángel o Rafael a la hora de construir el perfil del rostro en tres cuartos, con una idealización y belleza formal. No obstante ello, a todo este dominio italiano clásico, Ingres le añade la perfecta técnica del dibujo, heredado de su maestro, David, y una y otra vez practicado en la copia de mármoles antiguos. (Ver artículo: El Triunfo de Baco).

Debido a esto puede hacer todo casi que toda clase de correcciones en el cuerpo, modificar el punto de vista, unificándolas sin ningún tipo de violencia a través del control de la línea que un siglo después, atraería la atención de Picasso durante su período ingresco, el cual es un Retrato de Apollinaire o a Matisse, que llevará hasta el límite el poder expresivo del dibujo en sus Mujeres azules.

De la misma forma, no se debe pasar por alto que la compleja silueta de Ingres, en la técnica de la neoclásica, muestra una nítida inclinación hacia el romanticismo, claramente visible en manejo de la sensualidad y el color, ello frente a la técnica seca que manejaba David, lo que conlleva a su contemporáneo Delacroix.

La Gran Odalisca

De igual manera, esto se debe al tamiz romántico, evidenciado en muchos de sus temas y la forma de ver el mundo, dejándose llevar por el sentimiento y el erotismo de la civilización oriental que se reinterpreta en clave idealizada, tal como también lo había hecho Delacroix en sus mujeres de Argel.

Que finalmente lo llevaría a tratar temas orientales que iban más que de un sueño o evasión a la realidad histórica pura. Todo era una simple excusa para dejar llevar su imaginario fuera de los controles morales y racionales occidentales, potenciando así las facultades más ligadas al sentimiento y el hedonismo que medio siglo después Matisse retomaría en sus mujeres y odaliscas.

Descripción de La Gran Odalisca

Al igual que muchos de sus desnudos femeninos, La Gran Odalisca tiene una cualidad escultórica como de masa compacta, contorneada y uniforme en el color, aunque los críticos veían en ello un exceso de pesadez e inmovilidad. La figura de la Odalisca desconcertó a la crítica de la época por sus “tres vértebras de más”, por su palidez y por la ausencia de músculos, adoleciendo de una severa languidez que no era comprendida por muchos.

En este sentido, el artista describe una silueta reptante, en forma de S, prometedora y capciosa a la vez, que traiciona la propia aprehensión que afecta a su deseo por el cuerpo femenino. Pero Ingres parece aquí recordarnos, mediante esta fría e inquietante imagen, el símbolo de la serpiente prometedora del fruto prohibido. (Ver artículo: Cristo Crucificado).

La ambigüedad de la mirada de La Gran Odalisca, desafiante y arrogante, se encuentra inmersa es esa mismo tema simbólico. Su frialdad se corresponde con un deseo manifiesto de alejar una imagen temida, inquietante y enigmática. Los oscuros tonos del cortinaje contrarrestan, en buena medida, el poderoso hilo comunicativo entre el rostro de la Odalisca y el espectador y evitan, además, que el cuadro se desplome hacia la izquierda.

La Odalisca: es una mujer que hace vida en el sector de las mujeres de una vivienda turca, una mujer del harén. Presente desde el siglo 18, cuando el Oeste mostró un gran interés en las “elementos turcos”. Dentro de ellas, el harén, llamó la atención de fantasías morbosas, como una especie de reino secreto lleno de mucha sensualidad.

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Encargo de La Gran Odalisca: fue una solicitud de Carolina Murat, hermana de Napoleón que reinaba en Nápoles, como un medallón, este cuadro forma parte de otro, en este caso, un desnudo también. La obra se mostró en el Salón de París de 1819.

Símbolo de la imagen: corresponde a una dama desnuda, acomodada de forma voluptuosa en un diván, está de espalda pero con la cabeza girada hacia el espectador. Esta obra es un ejemplo del estilo orientalista de Ingres.

Enfoque del artista: el desnudo era un tema importante en el arte occidental, pero ya que las figuras renacentistas retratadas de esa manera habían sido sacadas de la mitología; Ingres adaptó el tema a una tierra más lejana. Transporta el tema del desnudo mitológico, de larga tradición Renacentista, a un Oriente imaginario.

Esta pintura se supone que fue la obra más reconocida de una desnudo, fue pintada como como tal, es decir, como un desnudo, mostrando largas líneas sinuosas que guardan poca semejanza con la realidad del cuerpo normal, pero aun reflejada con aguda precisión los detalles de la textura clásica de las telas.

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Corriente:  a pesar de su tratamiento fresco y preciso, es en varios puntos anticlásico. Este tema exótico permitió al artista pintar un desnudo completo, pero las distorsiones de su cuerpo parecen afín al arte Manierista de finales del siglo 16. Para que esta obra se ajustará a su estética peculiar, le dio varias vértebras extras y minúsculas, así como pies deshuesados que apenas podrían ser capaces de soportar su peso.

Detalles de La Gran Odalisca:  el turbante apenas posee un aroma de Oriente, pero si se observa bien, se puede ver que la pintura es un homenaje apasionado a Raphael. De hecho, esta pintura es una mofa de la versión de la sensual Madonna della Seggiola. La mirada de la mujer es cálida y directamente involucra al espectador.

El acercamiento de zonas blandas son atractivas al tacto, como las plumas del pavo real en su abanico junto a la piel de la joven, todo es muy evocador. El tono azul se colocó de forma exquisita en armonía con los demás colores en la pintura. Transmite una sensación de muebles de lujo muy armonizados. La articulación de las cortinas pesadas contrasta marcadamente con el tratamiento de la ropa de cama y las líneas lánguidas y sensuales del cuerpo del amante.

La Gran Odalisca

Algunos historiadores de arte consideran que la forma alargada de la zona posterior del cuerpo de La Gran Odalisca, al igual que la zona de la pelvis, las diseñó de tal manera el artista, con el fin de saciar su eterna búsqueda del cuerpo femenino ideal. Pues el artista se caracterizaba en la manera en la que reflejaba la posición social de sus modelos en las pinturas.

Como el trabajo de la Odalisca era proporcionar ciertos placeres al sultán, esta forma alargada de su pelvis puede que se haya debido a una distorsión simbólica de Ingres. Ella se encuentra en el diván, su desnudez puede que simbolice el ofrecimiento de sí misma. Ella se describe como un harem modesta, ya que sólo se muestra la espalda y parte de uno de sus pechos. Pero si uno mira de cerca a la cara, parece distante y ausente de cualquier signo de expectativas ansiosas.

La imagen de la silueta desnuda ocupa toda la escena del lienzo. La cabeza, el codo, y las nalgas, son pulgadas de distancia del borde del lienzo. Los dedos de los pies se extiende más allá de los límites del borde. Siendo en consecuencia, sensual y erótica. La Gran Odalisca se está ofreciendo al sultán, dándole la bienvenida, pero dándole sólo un ligero avance de su cuerpo.

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Importancia de La Gran Odalisca: algunas de las anomalías que muestra el cuerpo de la odalisca continúan encantando a los aficionados al arte. Es una obra muy bien y positivamente acogida luego de su muerte, logrando ejercer un gran poder de atracción para reconocidos autores, como Degas y Picasso. Actualmente, aduce una propuesta positiva, y es considerada como una de las obras más memorables de Ingres.

Ingres deja un legado en sus trabajos que son intermedios entre la tradición y la vanguardia, y no como la tradición en sí misma. Su obra siempre fue objeto de críticas, pero al mismo tiempo, alabado por partes iguales. No obstante, todo esto abría caminos hacia el futuro donde su personal deformación de la línea logró dar respuesta pictórica de artistas de vanguardia como Picasso y Matisse.

Trayectoria y controversias 

Ingres, como hecho curioso es un artista invisible en las colecciones públicas españolas. Sólo la Casa de Alba cuenta con un dibujo preparatorio de Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick, fechado en 1817.  Como se ha referido suficientemente, La Gran Odalisca se realizó en 1814 a petición de la reina de Nápoles, para decorar su palacio napolitano. Más tarde Luis XVIII intentó hacerse con el cuadro, adelantándose un poderoso banquero de la época.

La Gran Odalisca

Luego de ello, el siguiente propietario fue un aristócrata que la tenía en su recámara protegida con un mantón, debido al requerimiento de su mujer, pero que pese a su amor por la pintura, acabó vendiéndole al Louvre a través de un marchante. En años posteriores el artista pintó otra versión del cuadro en blanco y negro, como regalo para su mujer, de la que se cree fue su modelo para dicho cuadro.

Desde esos años, La Gran Odalisca ha salido de su recinto en el Louvre solo en algunas oportunidades. En dos de ellas, por protección y resguardo debido las Guerras Mundiales I y la II. Y sólo en 2003 se trasladó a Roma para una muestra. La Gran Odalisca es la personificación de la sensualidad más pura. Los ojos verdes de la delicada modelo atrapan como en una tela de araña desde la parte central del lienzo para lanzar al placer sin tapujos.

La erótica va in crescendo con la inclusión de un irresistible y ligero abanico de plumas y unas pipas de girasol, delicadamente dispuestas al final de sus muslos como indicando el camino. En el salón de París de 1819 se tachó la obra de obscena. Y lo peor: de escasa precisión anatómica. Armados con un metro, los críticos de entonces, midieron su espalda y concluyeron que era particularmente larga porque según ellos tenía tres vértebras de más.

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También se ha afirmado que sus pies eran deshuesados y que apenas podrían ser capaces de soportar su peso. Más adelante estas distorsiones anatómicas junto con esas otras contorsiones imposibles del cuello, causarán tendencia en los movimientos pictóricos y vanguardias de finales del XIX, en pintores como Picasso. Distorsiones que Ingres realmente pintó no sólo para satisfacer su forma ideal del cuerpo femenino sino también para representar fidedignamente en el cuadro el ofrecimiento descarado de la modelo al sultán.

Tal representación de la sensualidad y sectarismo femenino, no sólo chocó con la Iglesia, sino con algo mucho más virulento como fueron los movimientos feministas del siglo XX. Ya se empezó a ver cuando en 1914 una sufragista británica acuchilló con saña la Venus del espejo de Velázquez al considerarlo otra muestra del sometimiento de la mujer en el arte.

En tanto, en los años 60 ya existía un movimiento feminista, que aseguraba haber sobrevivido a las posturas de Ingres, refiriendo la humillación y el sometimiento que suponían los particulares desnudos del pintor. En 1985 el Museum of Modern Art (MOMA),  llevó a cabo una muestra de arte contemporáneo titulada An International Survey of Painting and Sculpture. De los 169 artistas que participaron en ella, sólo 13 eran mujeres.

Entonces se apostó frente al museo unos singulares manifestantes, que se oponían a la desigualdad, estas eran mujeres que portaban caretas de monos, se autodenominaba Guerrilla Girls. En pie de guerra y con la gran odalisca de Ingres, con la cabeza de un mono, representada en una pancarta que decía: “¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met. Museum? Menos del 5% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos”.

Estas mujeres tenían sentimientos frustrados al corroborar que a finales de siglo las diferencias entre los sexos, aún se mantenían y las mujeres artistas continuaban sin tener un reconocimiento auténtico. Eran anónimas, pero se sabe que lo constituían mujeres de diferentes edades y procedencias étnicas; no sólo artistas, sino también pintoras, escritoras, directoras de cine, etc.

En algunas de sus pancartas de mayor ironía colocaron una serie de “ventajas”, que califican como condición de ser mujer artista. Entre ellas: trabajar sin la presión del éxito; tener la oportunidad de escoger entre tu carrera y la maternidad; ver tus ideas reflejadas en el trabajo de otros; estar segura de que cualquier tipo de arte que realicen será catalogado como femenino; ser incluida en versiones revisadas de la historia del arte; entre otros.

La Gran Odalisca

Reseña biográfica del Autor

Su nombre era Jean Auguste, Dominique Ingres,  popularmente Dominique Ingres, artista pictórico y músico francés que nació en Montauban, Tarn-et-Garonne, el 29 de agosto de 1780 y fallece en París el 14 de enero de 1867. No representó el estilo neoclásico ni académico, más bien fue defensor del dibujo.

Su tendencia pictórica se inclinó más a lo clásico, el romanticismo y el realismo al mismo tiempo.​ Ingres es un claro exponente del romanticismo en cuanto a los temas, el trazo indeterminado y las tintas planas de intenso colorido.​ Algunas de sus obras se enmarcan en el llamado Estilo trovador, inspirándose en el ideal estético griego y gótico, además de en las miniaturas de los libros de horas de Fouquet.

De la misma forma, representó el estilo oriental, ya que algunos de sus lienzos, en especial los desnudos femeninos, están dominados por un sentido irreal del exotismo propio del siglo XVIII. Además de desempeñar como segundo violinista en la orquesta del Capitolio de Toulouse, tuvo la oportunidad de tocar en varios recitales privados organizados por Niccolo Paganini.

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En 1813, el artista contrajo votos con Madeleine Chapelle, en la que inspiró su trabajo sobre Il fidanzamento di Raffaello, en la que el artista italiano refleja a la amante de Rafael, la reconocida Fornarina. La derrota de Napoleón y las penurias económicas y familiares significan para Ingres un tiempo miserable, durante el cual pintó con desgana todo aquello que se le encargaba.

En 1820, se trasladó a Florencia, allí con la presentación en Francia de su obra llamada El voto de Luis XIII (1824), pintado para la Catedral de Montauban, logró alcanzar el ansiado éxito en los clamoroso salones de París. Fue nombrado director de la Academia de Francia en Roma, cargo que desempeñó de 1834 a 1840.

En 1841 volvió a París, allí obtuvo un recibimiento triunfal, donde además estuvo a cargo el arreglo y ornamentación de las vitrales de la capilla de Notre Dame. En 1846 mostró su obra en la Galería de Bellas Artes por primera vez, seguidamente fue nombrado como miembro de la comisión, junto con Delacroix. En 1849, dimitió debido a la muerte de su esposa y musa.

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A causa de una enfermedad que le afectó la vista, en el último período, estuvo en la obligación de solicitar la ayuda de alguno de sus discípulos para culminar la parte secundaria de sus obras, correspondiente a su período de madurez, caracterizado por la búsqueda de perfección en las formas. En 1852, se casó con Delphine Ramel. En 1862 fue nombrado senador.

La muestra de retratos que dejó como legado constituye el reflejo y testimonio valioso de la sociedad burguesa de su tiempo, del espíritu y las costumbres de una determinada clase a la que él pertenecía, reflejando las virtudes y sus límites. Estudió música, disciplina en la que también destacó. Durante una temporada fue segundo violinista en la orquesta del Capitolio de Toulouse; de este pasatiempo proviene la expresión francesa: violon d’Ingres (violín de Ingres).

Ingres falleció cuando contaba con 87 años de edad. Su cuerpo reposa en el cementerio de Père Lachaise, París. A este reconocido artista la ciudad de Montauban le construyó un museo en su honor, instalado en su taller, el Museo Ingres. Amaury Duval fue su primer alumno.

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